Vicent Flor reflexiona sobre el modelo español. “Aunque los estados-nación dicen ser mecanismos que generan derechos y se basan en proyectos democráticos, tienen un objetivo principal por encima de todo, incluso por encima de los derechos humanos y, por supuesto, por encima de la democracia: su propia supervivencia”, afirma Flor. El sociólogo valenciano afirma que esto es aún más evidente en el caso de España, y concreta las características de un nacionalismo español que, en sus palabras, está en la base de la nación española: “El nacionalismo español se niega a sí mismo constantemente, pero tiene una gran continuidad y es la base de la legitimación del Reino de España. Aunque el nacionalismo español se considera democrático, niega derechos a la ciudadanía, ya que difícilmente se puede ser demócrata si tu base es una ‘nación indisoluble e indivisible’”.
Flor añade que el nacionalismo español siempre ha estado ahí, pero que, al igual que otros nacionalismos de estado, es más visible cuando se siente amenazado. “Y la cuestión es que, en España, la legitimidad del estado está en entredicho; sobre todo, por parte de los nacionalismos vasco y catalán. Por eso las encuestas nos dicen que son las personas de Euskal Herria y Cataluña las peor vistas por nuestros convecinos y convecinas de España. Pero la explicación es clara: la nación española se ha construido también contra el enemigo interno: contra vascos/as y catalanes/as. Y ello teniendo en cuenta, por ejemplo, que una de cada cinco personas que habitan en el Estado español es catalanoparlante y que uno de cada diez libros que se publican es en catalán”.
Nagore Calvo, profesora titular del King’s College London, ha desplegado, primeramente, una mirada al Reino Unido, para afirmar que allí las relaciones entre diversos proyectos nacionales se viven con más normalidad: “Varios países del Caribe, por ejemplo, han decidido salir de la Commonwealth o de la Corona y eso se ha vivido con total normalidad. En los ámbitos deportivo y cultural ocurre lo mismo: cuando la selección de fútbol de Escocia se clasificó para el Mundial, la BBC dio la noticia de forma muy positiva; es impensable que RTVE hiciera algo parecido con la selección vasca. Ha surgido la posibilidad de unir Irlanda; Irlanda del Norte ha sido un territorio marginado económica y socialmente, ahora se han normalizado los flujos entre norte y sur, y como consecuencia están surgiendo nuevas identidades y relaciones sociales. Ese proceso también se vive con normalidad en el Reino Unido”.
Calvo señala que en Euskal Herria existen diferentes modelos de nación —básicamente, uno con un eje neoliberal y otro centrado en planteamientos de izquierda— y que, a diferencia de lo ocurrido tras la II Guerra Mundial, hoy en día es difícil, en Europa, que esas dos visiones nacionales actúen conjuntamente. No obstante, Calvo considera que en la nación vasca existe también, como en las demás, un proyecto autoritario, racista y excluyente, y señala, a modo de ejemplo, la información que se ofrece sobre el origen de las personas detenidas.
Kaltzada pregunta a Cahen, Flor y Calvo cuáles son las bases de un proyecto nacional abierto y digno. “Entiendo la contraposición entre un viejo nacionalismo esencialista y una construcción nacional cívica basada en la ecología o el feminismo, pero si ese movimiento es un ‘movimiento vasco’, no lo es por la ecología o el feminismo. La identidad es un aspecto de gran importancia, y no es en absoluto ‘esencialista’: es vasco/a quien se considera vasco/a, y punto. No hay otra definición”, afirma Cahen.
El historiador francés se pregunta si se puede construir una nación inclusiva sin igualdad social, y él mismo da la respuesta: “No, por supuesto. Es una cuestión de lucha de clases. Si la gente vive mal en un territorio, eso pondrá en entredicho la cohesión nacional. Por ello, es fundamental que las corrientes de izquierda también traten la construcción nacional y el tema de la identidad”.
En la misma línea se pronuncia Vicent Flor: “¿Qué es una nación si no es que su ciudadanía tenga una mejor calidad de vida? Los movimientos a favor de la soberanía deben ir ligados a la mejora de la calidad de vida de la ciudadanía”.