BASES PARA UNA PROYECTO NACIONAL ABIERTO

Gure Esku ha celebrado su II. Conferencia Soberanista bajo el título “La nación y la soberanía en disputa en el siglo XXI”. En la última mesa han participado la socióloga y miembro de Telesforo Monzon eLab, Malen Dominguez; el sociólogo valenciano Vicent Flor; el historiador francés Michel Cahen; y la profesora titular del King’s College London, Nagore Calvo, bajo la dinamización de la periodista Pili Kaltzada, y con este tema: “Vuelven la nación y el estado. Diferentes ideas de soberanía”.

En primer lugar, Malen Dominguez ha desgranado, de manera breve, los datos de 2025 del Naziometroa (Barómetro de la Soberanía Vasca) de Telesforo Monzon eLab. Según ha explicado Dominguez, en relación con la cuestión de si han crecido las actitudes reaccionarias, la mayor parte de la ciudadanía vasca de los siete territorios considera que han aumentado en todos los ámbitos (Europa, España o Francia, Euskal Herria y el entorno personal), aunque esa cifra disminuye a medida que nos acercamos al entorno personal. “Esto también ocurre en otros temas; de hecho, cuando hablamos de lo cercano, solemos movernos con más cautela o menos sentido crítico”, señala Dominguez. En el caso de la escala de Euskal Herria, dos tercios consideran que han crecido este tipo de actitudes, y en el entorno personal, la cifra ronda el 56%. En cuanto a la escala ideológica, en una línea que va, del 0 al 10, desde quienes se consideran de izquierda a quienes se consideran de derecha, el porcentaje de quienes afirman que se ha ido “demasiado lejos” tanto en los derechos de las personas migrantes como en el feminismo crece progresivamente cuando avanzamos hacia la máxima puntuación (máxima consideración de derechas); por género, los hombres son más críticos que las mujeres con las reivindicaciones que se realizan en estas dos ámbitos.

Al preguntar qué requisitos debería cumplir una persona para ser aceptada como ciudadana vasca, la mayor parte de la población (en torno al 60%) afirma que el requisito es vivir y trabajar en Euskal Herria, aunque un 21% considera que se debe haber nacido en el país. Sobre quién debería tener la competencia en temas de migración, se observa una tendencia favorable a dejarla en manos de las instituciones más cercanas a la ciudadanía.

Por otro lado, sobre si la Mancomunidad de Ipar Euskal Herria, la Comunidad Foral de Navarra y la Comunidad Autónoma Vasca deberían tener derecho a decidir su futuro político, Malen Dominguez señala que cerca de dos tercios de la ciudadanía están a favor del derecho a decidir.

Tras la presentación de los datos del Naziometroa, se ha iniciado la mesa redonda con el resto de ponentes. Pili Kaltzada propone una reflexión sobre el modelo actual de nación: “¿De dónde vienen esos modelos de nación? ¿De qué tradiciones?”.

Michel Cahen aborda el caso francés: “En Francia se suele decir que la Revolución creó la nación, pero en mi opinión, la Revolución lo que hizo fue fortalecer el sentimiento nacional, porque dicho sentimiento ya existía previamente. Precisamente, podríamos decir lo contrario: que esa nación ya estaba ahí, que quería tener un estado moderno y que por eso derrocó a la monarquía”. Cahen señala que en los siglos XIX y XX hubo una gran represión étnica en el Estado francés y que, por ejemplo, en las escuelas de Bretaña se ponían carteles que prohibían hablar bretón: “La asimilación funcionó, porque fue el mismo estado que perseguía nuestras viejas naciones el que ofrecía educación pública gratuita, construía puentes, traía la electricidad y ponía en marcha la seguridad social; es decir, fueron los propios progenitores quienes empujaron a sus hijos e hijas al francés, rompiendo la cadena de transmisión lingüística, porque aquel estado traía progreso social”.

Vicent Flor reflexiona sobre el modelo español. “Aunque los estados-nación dicen ser mecanismos que generan derechos y se basan en proyectos democráticos, tienen un objetivo principal por encima de todo, incluso por encima de los derechos humanos y, por supuesto, por encima de la democracia: su propia supervivencia”, afirma Flor. El sociólogo valenciano afirma que esto es aún más evidente en el caso de España, y concreta las características de un nacionalismo español que, en sus palabras, está en la base de la nación española: “El nacionalismo español se niega a sí mismo constantemente, pero tiene una gran continuidad y es la base de la legitimación del Reino de España. Aunque el nacionalismo español se considera democrático, niega derechos a la ciudadanía, ya que difícilmente se puede ser demócrata si tu base es una ‘nación indisoluble e indivisible’”.

Flor añade que el nacionalismo español siempre ha estado ahí, pero que, al igual que otros nacionalismos de estado, es más visible cuando se siente amenazado. “Y la cuestión es que, en España, la legitimidad del estado está en entredicho; sobre todo, por parte de los nacionalismos vasco y catalán. Por eso las encuestas nos dicen que son las personas de Euskal Herria y Cataluña las peor vistas por nuestros convecinos y convecinas de España. Pero la explicación es clara: la nación española se ha construido también contra el enemigo interno: contra vascos/as y catalanes/as. Y ello teniendo en cuenta, por ejemplo, que una de cada cinco personas que habitan en el Estado español es catalanoparlante y que uno de cada diez libros que se publican es en catalán”.

Nagore Calvo, profesora titular del King’s College London, ha desplegado, primeramente, una mirada al Reino Unido, para afirmar que allí las relaciones entre diversos proyectos nacionales se viven con más normalidad: “Varios países del Caribe, por ejemplo, han decidido salir de la Commonwealth o de la Corona y eso se ha vivido con total normalidad. En los ámbitos deportivo y cultural ocurre lo mismo: cuando la selección de fútbol de Escocia se clasificó para el Mundial, la BBC dio la noticia de forma muy positiva; es impensable que RTVE hiciera algo parecido con la selección vasca. Ha surgido la posibilidad de unir Irlanda; Irlanda del Norte ha sido un territorio marginado económica y socialmente, ahora se han normalizado los flujos entre norte y sur, y como consecuencia están surgiendo nuevas identidades y relaciones sociales. Ese proceso también se vive con normalidad en el Reino Unido”.

Calvo señala que en Euskal Herria existen diferentes modelos de nación —básicamente, uno con un eje neoliberal y otro centrado en planteamientos de izquierda— y que, a diferencia de lo ocurrido tras la II Guerra Mundial, hoy en día es difícil, en Europa, que esas dos visiones nacionales actúen conjuntamente. No obstante, Calvo considera que en la nación vasca existe también, como en las demás, un proyecto autoritario, racista y excluyente, y señala, a modo de ejemplo, la información que se ofrece sobre el origen de las personas detenidas.

Kaltzada pregunta a Cahen, Flor y Calvo cuáles son las bases de un proyecto nacional abierto y digno. “Entiendo la contraposición entre un viejo nacionalismo esencialista y una construcción nacional cívica basada en la ecología o el feminismo, pero si ese movimiento es un ‘movimiento vasco’, no lo es por la ecología o el feminismo. La identidad es un aspecto de gran importancia, y no es en absoluto ‘esencialista’: es vasco/a quien se considera vasco/a, y punto. No hay otra definición”, afirma Cahen.

El historiador francés se pregunta si se puede construir una nación inclusiva sin igualdad social, y él mismo da la respuesta: “No, por supuesto. Es una cuestión de lucha de clases. Si la gente vive mal en un territorio, eso pondrá en entredicho la cohesión nacional. Por ello, es fundamental que las corrientes de izquierda también traten la construcción nacional y el tema de la identidad”.

En la misma línea se pronuncia Vicent Flor: “¿Qué es una nación si no es que su ciudadanía tenga una mejor calidad de vida? Los movimientos a favor de la soberanía deben ir ligados a la mejora de la calidad de vida de la ciudadanía”.

Y también subraya la importancia de la identidad. “No nos engañemos, sin embargo: todos los nacionalismos tienen componentes de construcción cultural. No se puede construir un ‘nosotros’ sin elementos de construcción cultural y alteridad. Todos los nacionalismos utilizan la lengua; la cuestión es cómo la utilizan. El nacionalismo español considera que el castellano es mejor que el euskera y, por tanto, que sus hablantes son mejores; eso es supremacismo y no responde a ninguna lógica democrática. Otra cosa es que el castellano o el inglés tengan más hablantes. Y existe un discurso que considera que lo pequeño es prescindible, pero la realidad es que la calidad de vida de la gente es mejor y la democracia funciona mejor en los ámbitos pequeños”.

Para terminar, Kaltzada pregunta al conjunto de ponentes sobre las posibilidades, precisamente, para el desarrollo de un proyecto nacional digno. “Esa construcción nacional debe pivotar sobre los valores democráticos y la mejora de la vida de la ciudadanía, dando importancia también a la cultura, pero huyendo del esencialismo”, resume Malen Dominguez.

En palabras de Nagore Calvo, “sin complejos, las naciones sin estado deben considerarse normales y desarrollar un proyecto coherente, comunicándolo bien. Por otro lado, en Euskal Herria hay un tejido social importante y eso debe fomentarse, fuera de la lógica de mercado”.

“Pienso que la nación no se puede definir, que no tiene fecha de nacimiento, que no es más que un recorrido identitario. La lengua es muy importante, pero miren lo que está pasando en Irlanda: todos y todas aprenden gaélico en la escuela, pero nadie lo habla en la calle. ¿Ha desaparecido por ello la nación irlandesa? No. La desaparición del gaélico sería un desastre cultural, pero la lengua no es lo único que define a la nación. No hay más definición que la autodeterminación y el reconocimiento mutuo”, concluye Michel Cahen.

Finalmente, según Vicent Flor, los movimientos soberanistas, ante la crisis de los estados-nación, tienen una doble oportunidad: “A la lucha por la identidad y la autodeterminación hay que añadir la lucha por mejorar la calidad de vida de la gente y la calidad democrática; la ciudadanía debe ver que la nueva nación es un ámbito de mayor participación”.

Imágenes:  Gure Esku

TM eLab es una iniciativa de la Fundación Olaso Dorrea, entidad que aporta su patrimonio para dar un nuevo impulso al soberanismo vasco.
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