Zelai Nikolas plantea cómo hay que entender, en este contexto, la soberanía, desde una concepción abierta y solidaria de la nación. “Es una de los grandes retos: cómo disputar por la soberanía, sin que eso suponga un repliegue, sino conectando con los debates globales. Pero no estamos en esto para llorar, sino para ganar; los lloros no sirven para nada. Se trata, por tanto, de construir, no engañándose con las dificultades y los riesgos, pero de construir muchas cosas, porque no hay victoria que caiga del cielo —y ahora ya lo sabemos— ni que esté en juego en 24 horas. Es una batalla larga. Hay que saber a dónde se va, y que eso dé sentido a todo lo que se haga. Seguramente habrá que repensar muchas cosas, y una de ellas es el mismo concepto de soberanía. No es ya que no podemos hablar sobre soberanía como en el siglo XIX, es que nosotros nos planteamos que no podemos hacerlo como lo hacíamos en 2017…”, señala Antich.
“Nuestro reto es disputar la soberanía a los estados francés y español, y hacerlo con una vocación de interdependencia. Habrá que repetirlo, aunque sea muy obvio: no aspiramos a la soberanía plena para aislarnos del mundo; esa es la caricatura que hacen los nacionalismos que tienen un estado de quienes no lo tenemos. Nuestra cultura, nuestros flujos económicos… demuestran, desde hace mucho tiempo, que los problemas y debates globales también son nuestros. Desde el soberanismo, en Cataluña, esa es la forma de entender la catalanidad; no hay defensa de nuestros propios derechos y libertades, si no es siendo extremadamente sensibles con los derechos y libertades que se puedan vulnerar en cualquier lugar del mundo. La batalla por la soberanía no es una batalla por ‘el huerto’; es una batalla que nos conecta a luchas globales”, añade el presidente de Òmnium Cultural.
Nikolas plantea cúal es la realidad actual de Òmnium Cultural, sus líneas principales de trabajo, y, en concreto, la labor que realiza entorno a la lengua catalana. “Òmnium se crea en 1961 con un triple eje: lengua, cultura y país. La cuestión es que trabajar por la lengua, la cultura y el país no es lo mismo en 1961, en los años 80 y en 2026, y por lo tanto, hemos ido dando una respuesta adaptada a cada tiempo histórico”, afirma Antich, quien ha explicado que, actualmente, de los 8 millones de catalanes, hay 2,3 millones que quieren aprender catalán o mejorarlo y que, sin embargo, la oferta institucional se encuentra estancada, desde hace 20 años, entorno a 100.000 personas al año. “En Òmnium entendemos que el acceso al catalán es un derecho y que, hoy día, no está garantizado. En esta línea, hemos desarrollado dos campañas. Por un lado, ‘Catalán para todos’, en la que hemos creado una plataforma que agrupa a 180 entidades (patronales, sindicatos, federaciones deportivas, asociaciones vecinales…), para crear espacios donde acceder al idioma, no a través de las clases, sino como una forma de arraigo. El proyecto ‘Lliures’ es correlativo de éste, porque aborda los problemas de desigualdades, pobreza y exclusión; hace ya una década que llegamos a la conclusión de que no hay forma de construir nación y de trabajar por la lengua y la cultura sin luchar contra la pobreza y la exclusión”.