LA MIRADA CATALANA

Gure Esku ha celebrado su II. Conferencia Soberanista bajo el título “La nación y la soberanía en disputa en el siglo XXI”, dentro de la que Zelai Nikolas, miembro de la dirección de Gure Esku, ha entrevistado a Xavier Antich, presidente de Òmnium Cultural de Cataluña.

Bajo el encabezamiento de “Construcción nacional: responsabilidad y objetivos de la sociedad civil en el contexto actual. Un ejemplo”, Xabier Antich, de la mano de Zelai Nikolas, nos ha acercado la realidad actual del movimiento soberanista en Cataluña y ha reflexionado sobre el auge de la ultraderecha y sobre las formas de abordar esa problemática desde una perspectiva abierta y progresista en las naciones sin estado.

Xavier Antich parte de una constatación: “Ninguna nación esta vacunada contra la tentación tóxica del nacionalismo excluyente. En Cataluña pensábamos que eso no iba a pasar nunca, y ahí está Aliança Catalana, con cinco años de crecimiento”, Y, a partir de esa “obviedad”, aborda las diferencias entre ese nacionalismo y las tradiciones soberanistas de, por ejemplo, Euskal Herria y Cataluña: “Frente a ese nacionalismo basado en una idea de la nación natural, inmutable y estática, en un pasado mítico que nunca existió y en una identidad que se cierra ante cualquier posible influencia externa porque la considera una amenaza, los movimientos en Euskal Herria y Cataluña proceden de un nacionalismo cívico que entiende la nación como una construcción permanente y que piensa más en un proyecto de futuro que en el pasado. En el caso del catalanismo democrático esa tradición tiene, por lo menos, 125 años, y esa ha sido siempre la línea; solo ha habido algo similar a lo que es Aliança Catalana, y de manera muy periférica y marginal, en los años 30”.

Según el presidente de Òmnium Cultural, la característica de los movimientos soberanistas vasco y catalán es el carácter radicalmente democrático: “Se basan en una profundización en la democracia, en la consecución de derechos y libertades —y derechos y libertades para el conjunto de la comunidad política, y no solo para una parte— y en un concepto integrador de la identidad”.

Y pasa a abordar el carácter de Aliança Catalana: “Es de manual: no plantea nada diferente a lo que plantea el trumpismo o las extremas derechas europeas. Pero tiene una singularidad local: bebe del estado de desánimo y desmovilización generado tras el procès, pero también de la profunda desconfianza hacia los partidos o las instituciones de autogobierno. Y se busca un chivo expiatorio: la culpa de la situación de la sanidad o la educación, del paro juvenil, del descenso del uso social del catalán… es de los inmigrantes”.

Zelai Nikolas plantea cómo hay que entender, en este contexto, la soberanía, desde una concepción abierta y solidaria de la nación. “Es una de los grandes retos: cómo disputar por la soberanía, sin que eso suponga un repliegue, sino conectando con los debates globales. Pero no estamos en esto para llorar, sino para ganar; los lloros no sirven para nada. Se trata, por tanto, de construir, no engañándose con las dificultades y los riesgos, pero de construir muchas cosas, porque no hay victoria que caiga del cielo —y ahora ya lo sabemos— ni que esté en juego en 24 horas. Es una batalla larga. Hay que saber a dónde se va, y que eso dé sentido a todo lo que se haga. Seguramente habrá que repensar muchas cosas, y una de ellas es el mismo concepto de soberanía. No es ya que no podemos hablar sobre soberanía como en el siglo XIX, es que nosotros nos planteamos que no podemos hacerlo como lo hacíamos en 2017…”, señala Antich.

“Nuestro reto es disputar la soberanía a los estados francés y español, y hacerlo con una vocación de interdependencia. Habrá que repetirlo, aunque sea muy obvio: no aspiramos a la soberanía plena para aislarnos del mundo; esa es la caricatura que hacen los nacionalismos que tienen un estado de quienes no lo tenemos. Nuestra cultura, nuestros flujos económicos… demuestran, desde hace mucho tiempo, que los problemas y debates globales también son nuestros. Desde el soberanismo, en Cataluña, esa es la forma de entender la catalanidad; no hay defensa de nuestros propios derechos y libertades, si no es siendo extremadamente sensibles con los derechos y libertades que se puedan vulnerar en cualquier lugar del mundo. La batalla por la soberanía no es una batalla por ‘el huerto’; es una batalla que nos conecta a luchas globales”, añade el presidente de Òmnium Cultural.

Nikolas plantea cúal es la realidad actual de Òmnium Cultural, sus líneas principales de trabajo, y, en concreto, la labor que realiza entorno a la lengua catalana. “Òmnium se crea en 1961 con un triple eje: lengua, cultura y país. La cuestión es que trabajar por la lengua, la cultura y el país no es lo mismo en 1961, en los años 80 y en 2026, y por lo tanto, hemos ido dando una respuesta adaptada a cada tiempo histórico”, afirma Antich, quien ha explicado que, actualmente, de los 8 millones de catalanes, hay 2,3 millones que quieren aprender catalán o mejorarlo y que, sin embargo, la oferta institucional se encuentra estancada, desde hace 20 años, entorno a 100.000 personas al año. “En Òmnium entendemos que el acceso al catalán es un derecho y que, hoy día, no está garantizado. En esta línea, hemos desarrollado dos campañas. Por un lado, ‘Catalán para todos’, en la que hemos creado una plataforma que agrupa a 180 entidades (patronales, sindicatos, federaciones deportivas, asociaciones vecinales…), para crear espacios donde acceder al idioma, no a través de las clases, sino como una forma de arraigo. El proyecto ‘Lliures’ es correlativo de éste, porque aborda los problemas de desigualdades, pobreza y exclusión; hace ya una década que llegamos a la conclusión de que no hay forma de construir nación y de trabajar por la lengua y la cultura sin luchar contra la pobreza y la exclusión”.

En Irlanda se ha puesto sobre la mesa la posibilidad de realizar un referéndum de unificación de la isla para 2030. ¿Qué aprendizajes ha sacado Òmnium de la experiencia irlandesa? “Como hemos visto en Irlanda, la clave es, en primer lugar, la generación de mayorías. Y eso, en el caso de Òmnium, supone vertebrar la sociedad civil y, por tanto, trabajar con gente que no piensa como nosotros; vertebrar, para en el futuro generar consensos y cambiar las cosas. En segundo lugar, la legitimidad internacional es clave. Y, en tercer lugar, la gradualidad. Somos bastante fans de la gradualidad, porque con el ‘todo o nada’, y si no tienes las mayorías para ganar esas batallas, siempre te vas a quedar con ‘la nada’. Se trata, por tanto, de ir ganando batallas que nos permitan ir logrando victorias, avanzar, construir, generar mayorías..”, señala Antich.

Y para terminar, por supuesto, los aprendizajes que ha dejado el procès en Cataluña. “Podemos tener la sensación de que perdimos todo, pero veníamos de porcentajes de un 20% de independentistas y ahora estamos disputando mayorías parlamentarias y, si ampliamos al espectro soberanista, hablamos del 70%. ¿Es suficiente? A la vista está que no. Desde ahí, hay que trabajar, vertebrando la sociedad con el objetivo de, en diez años, reconstruir la hegemonía social que ahora está erosionada. Y reconstruir la hegemonía social para, cuando las circunstancias cambien, volver a disputar la hegemonía política. Por tanto, en opinión de Òmnium, y es también una opinión generalizada, el ciclo de 2017 está acabado. Desde 2020 todo lo que hace Òmnium es un intento por subsanar todo lo que no tuvimos en 2017, y para tenerlo cuando las circunstancias cambien. Lo principal de la célebre frase de Cuixart de ‘Lo volveremos hacer’ es su continuidad: ‘Y lo volveremos hacer… mejor’.

Imágenes:  Gure Esku

TM eLab es una iniciativa de la Fundación Olaso Dorrea, entidad que aporta su patrimonio para dar un nuevo impulso al soberanismo vasco.
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